21 enero 2018

Pedro Salinas, Ayer te besé en los labios

Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto,
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más. El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada ya,
para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.
Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no…
-¿Adónde se me ha escapado?-.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.
Pedro Salinas
España
Madrid, 27 de noviembre de 1891
Boston, Massachusetts, Estados Unidos, 4 de diciembre de 1951

20 enero 2018

Gloria Fuertes, Prefiero dormir a soñar

Soñando se pintan cuadros se escriben libros
se enamora uno se enamoran dos
se llega a soñar a tener ilusión.
Soñar cansa más que dormir.
Aun así, seguiré soñando
que duermo y descanso.
Gloria Fuertes
España
Madrid, 28 de julio de 1917/
 27 de noviembre de 1998

19 enero 2018

María Clemencia Sánchez, Blues

Si la luz consuela
La mirada,
Enséñame el camino a ella.
Veo las horas del alba
Ardiendo inaudibles
Sobre el silencio de los espantapájaros
Veo la línea que señala
La fatiga de los jornaleros
Veo el canto de los cuervos
Temblando sobre la piel de los estanques
Veo el balanceo de los eucaliptos
Interrumpido por la niebla.

Enséñame el camino.

Veo un dios que se marcha
Como el incienso
Que expulsaran las violetas
Veo la sombra abatida de una nube
Envenenar el estertor de los enfermos
Veo los labios de una mujer
Durmiendo sobre la higuera
Veo un jazmín desolado
En mi corazón.
Enséñame el camino.
María Clemencia Sánchez
Colombia
Itagüí, 1970

Agnes Nemes Nagy, Árboles

Hay que aprender. Los árboles de invierno.
Ese cubrirse hasta los pies de escarcha.
Inamovibles cortinajes.

Hay que aprender la franja
donde el cristal ya humea,
y el árbol va cruzando la neblina
como los cuerpos la memoria.

Y tras los árboles el río,
las alas silenciosas de los ánades,
la cegadora noche azul y blanca
donde hay paradas cosas en capuchas.
Hay que aprender aquí los gestos
inenarrables de los árboles.
Agnes Nemes Nagy
Rumania
Budapest, 1922/1991

18 enero 2018

Julio Cortázar, Si he de vivir sin ti

Si he de vivir sin ti, que sea duro y cruento,
la sopa fría, los zapatos rotos, o que en mitad de la opulencia
se alce la rama seca de la tos, ladrándome
tu nombre deformado, las vocales de espuma, y en los dedos
se me peguen las sábanas, y nada me dé paz.
No aprenderé por eso a quererte mejor,
pero desalojado de la felicidad
sabré cuánta me dabas con solamente a veces estar cerca.
Esto creo entenderlo, pero me engaño:
hará falta la escarcha del dintel
para que el guarecido en el portal comprenda
la luz del comedor, los manteles de leche, y el aroma
del pan que pasa su morena mano por la hendija.
Tan lejos ya de ti
como un ojo del otro,
de esta asumida adversidad
nacerá la mirada que por fin te merezca. 
Julio Cortázar
Argentina
 Ixelles, Bélgica, 26 de agosto de 1914
París, Francia,12 de febrero de 1984

17 enero 2018

José Ángel Valente, Oda a la soledad

Ah soledad,
Mi vieja y sola compañera,
Salud.
Escúchame tú ahora
Cuando el amor
Como por negra magia de la mano izquierda
Cayó desde su cielo,
Cada vez más radiante, igual que lluvia
De pájaros quemados, apaleado hasta el quebranto, y quebrantaron
Al fin todos sus huesos,
Por una diosa adversa y amarilla
Y tú, oh alma,
Considera o medita cuántas veces
Hemos pecado en vano contra nadie
Y una vez más aquí fuimos juzgados,
Una vez más, oh dios, en el banquillo
De la infidelidad y las irreverencias.
Así pues, considera,
Considérate, oh alma,
Para que un día seas perdonada,
Mientras ahora escuchas impasible
O desasida al cabo
De tu mortal miseria
La caída infinita
De la sonata opus
Ciento veintiséis
De Mozart
Que apaga en tan insólita
Suspensión de los tiempos
La sucesiva imagen de tu culpa
Ah soledad,
Mi soledad amiga, lávame,
como a quien nace, en tus aguas australes
y pueda yo encontrarte,
descender de tu mano,
bajar en esta noche,
en esta noche séptuple del llanto,
los mismos siete círculos que guardan
en el centro del aire
tu recinto sellado.
 José Ángel Valente
España
Orense, 25 de abril de 1929
Ginebra, Suiza, 18 de julio de 2000

16 enero 2018

Jorge Luis Borges, El cómplice

Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos.
Me tienden la copa y yo debo ser la cicuta.
Me engañan y yo debo ser la mentira.
Me incendian y yo debo ser el infierno.
Debo alabar y agradecer cada instante del tiempo.
Mi alimento es todas las cosas.
El peso preciso del universo, la humillación, el júbilo.
Debo justificar lo que me hiere.
No importa mi ventura o mi desventura.
Soy el poeta.
Jorge Luis Borges
Argentina
Buenos Aires 24 de agosto de 1899/
 Ginebra 14 de junio de 1986

15 enero 2018

Ricardo Peña, Caravana de los albos pájaros

¡Oh, la caravana
de los albos pájaros!

Los pájaros cruzan veloces
la mar inhollada;
cantando se internan
por la azul llanura,
y, ebrios de sol, la marcha aceleran...
¿Adónde van los pájaros?...

¡Tal vez
si presientan
que Dios
los espera;
tal vez si por eso la marcha aceleran
en pos
de la viña
celeste
que inunda el silencio!
¡Oh, la caravana
de los albos pájaros!

En la azul mañana
contémplola lleno de hondo fervor:
¿Ay, si se sumara a ella
este pájaro
loco de mi corazón?...
Ricardo Peña
Perú
Lima, 1896/29 de julio de 1939

14 enero 2018

Concha Lagos, Por volverlo a escuchar

Urgente la presencia te reclamo,
eje te quiero de mi todavía,
la espuma de tu orilla por la mía
ascendiendo sedienta tramo a tramo.

Prolongado oleaje del te amo
que de mi playa aleje la agonía.
Por volverlo a escuchar deshojaría
hasta el último sueño de mi ramo.

Vuelve y vuelve otra vez, vuelve a cantarme,
repíteme el compás a cada hora,
quédate detenido en mi presente.

Hoy sé que una campana va a sonarme
anunciando la vuelta de otra aurora
la razón de esta lucha por mi frente. 
Concha Lagos
España
Córdoba, 23 de enero de 1907/
Madrid, 6 de septiembre de 2007

Mónica Nepote, Sirena

Envuelta en la luz se vuelve roja. Llegó con un mar inhóspito, cantando que la suerte la anida cada hueso. Trae un calamar en El tobillo y camina dejando de rastro las estrellas.

Un beso se le escapa, llega ante la boca de un parroquiano. Ella ríe, sacude las mariposas de su cuerpo. Un par de ojos choca ante el cristal que guarda el aire, que asfixia al fuego antes de arder bajo la bóveda.

Esa piel castaña asombra ante el espejo de su canto. El marinero la dejó suelta entre caracoles de mentira. Ella se perfumó la oreja con la sal de su saliva.

Esta medusa ha ensortijado las historias. Echó redes a las venas, anudó los pendientes del dueño de este antro; volvió a la luna página de su bitácora, cómplice del color abundante de su boca.

Observa entre las velas. Elige. Apunta hacia el poniente. La brújula que recorrió su pecho la hizo madre de los hombres. La llamó hija de su llanto.
Mónica Nepote
México
Guadalajara, Jalisco, 1970

13 enero 2018

Antonio Porpetta, El niño

Hay un niño que llega cada día
ofreciendo su mínima intemperie
sobre el claro mantel del desayuno.
Levemente se asoma
por la ventana gris de algún periódico,
sin lágrimas ni risas en su rostro:
sólo pura mirada
y un humilde cansancio de terrores
derramado en sus labios.
Viene desde muy lejos:
de las tierras del fuego y la tristeza,
de selvas y arrozales,
de campos arrasados, de montañas perdidas,
de ciudades sin nombre ni memoria
donde la muerte es sólo
una muda costumbre cotidiana.
Tal vez trae en sus manos
algún pobre juguete:
el fusil que encontró en aquella zanja
junto a un hombre dormido,
las inútiles botas de su padre,
el arrugado casco de aluminio
del hermano más alto y más valiente,
el trozo de metralla
que derrumbó su infancia en un instante.
Se sienta a nuestra mesa, quedamente,
como si no estuviera,
y contempla asombrado los terrones
de azúcar, las galletas,
la alegre redondez de las naranjas,
la taza de café, con su recuerdo
de humaredas oscuras.
Nunca nos pide nada: sólo mira
desde un viejo silencio,
con un largo paisaje de preguntas
remansado en sus párpados.
Y permanece inmóvil,
clavándonos el tiempo en su palabra
que nunca escucharemos.
Como si fuera un niño, simplemente.
Sin saber que en sus ojos
lleva la herida grande
de todo el universo.
Antonio Porpetta
España
Elda, 14 de febrero de 1936

12 enero 2018

Rosa Chacel, La culpa

La culpa se levanta al caer de la tarde,
la oscuridad la alumbra,
el ocaso es su aurora…

Se empieza a oír la sombra desde lejos
cuando el cielo está limpio aún sobre los árboles
como una pampa verdeazul, intacta,
y el silencio recorre
los quietos laberintos de arrayanes.

Llegará el sueño: alerta está el insomnio.
Antes que caiga la cortina oscura,
gritad al menos, hombres,
como el pavón metálico que grazna su lamento
desgarrado en la rama de la araucaria.
Gritad con voces múltiples,
piad entre la enredadera,
entre las hiedras y rosales trepadores.

Buscad refugio en las glicinas
con los gorriones y zorzales
porque avanza la onda de la noche
y su ausencia de luz,
y su implacable huésped
de suaves pasos, el peligro…
Rosa Chacel
España
Valladolid, 3 de junio de 1898
Madrid, 7 de agosto de 1994

11 enero 2018

Antonio Machado, Voy caminando solo

Allá, en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños...

No ves, Leonor, los álamos del río
con sus ramajes yertos?

Mira el Moncayo azul y blanco; dame
tu mano y paseemos.

Por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos,
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo.
Antonio Machado
España
Sevilla, 26 de julio de 1875/
Colliure, Francia 22 de febrero de 1939

10 enero 2018

Gabriel Celaya, La vergüenza de ser feliz

Cuando hay en la tierra tantos hombres que sufren
ser feliz da vergüenza.
Pero yo lo soy, casi sin querer.
¡Soy tan feliz, perdón !
por mi amor, por ¿ qué sé yo ?
porque la vida se ensancha y es siempre diferente
(¡ Si usted viera ese Paul Klee!
¿ Y ha probado unas almejas con Vouvray,
del seco, no del otro ?)
Por eso y otros detalles vale la pena vivir.
¿ Saben cuál es el secreto ?
Todavía no me he muerto,
y es más-muchos se indignan-
ni siquiera estoy enfermo.
Mi secreto es : Todavía.
Gabriel Celaya
España
Hernani, 18 de marzo de 1911
Madrid, 18 de abril de 1991

09 enero 2018

Alfredo Vanín, Nocturno a Elena

Usaba zapatillas doradas para protegerse del frío abismal de la sabana en los últimos años de un siglo que murió sin respiro era a su manera valiente como un sueño perdido entre usureros y tenía dos hijas que dormían como alondras nocturnas y correteaban como alondras despiertas
por los cuartos estrechos donde las tres cabían sin estorbo
y hasta quedaba espacio para beber un vino o fumar largamente mientras hacía guiño alguna estrella.
Despedida de los vendavales marinos
declamaba un poema de Neruda en el que un ancla jubilada
cruzaba la luz de Antofagasta
(decía haberlo conocido por mí y la verdad
he olvidado las anclas y Neruda se ha muerto).
Esta Elena nunca llegó a Troya, tal como aquel demiurgo lo constata
y por lo tanto todo fue una nube: las rabietas de Menelao
y hasta el regreso a Itaca.
Elena quedó entre sus alondras
sin importarle un higo el diente del invierno
ni la amenaza de los devoradores de caballos. 
Alfredo Vanín
Colombia
Timbiquí 1950